El Buddha: Un Ateo Muy Inteligente por Luciano Duque

El Buddha: Un Ateo Muy Inteligente por Luciano Duque

Titulo del libro: El Buddha: Un Ateo Muy Inteligente

Autor: Luciano Duque

Número de páginas: 112 páginas

Fecha de lanzamiento: March 5, 2018

Luciano Duque con El Buddha: Un Ateo Muy Inteligente

El Buddha: Un Ateo Muy Inteligente por Luciano Duque fue vendido por £7.21 cada copia. Contiene 112 el número de páginas.. Regístrese ahora para tener acceso a miles de libros disponibles para su descarga gratuita. El registro fue libre.

Hace algunos años, sentado frente al maestro Sogyal Rimpoché, en Lerab Ling, su monasterio en Francia, escuché alguien preguntarle si Su Santidad el Dalai Lama ya se había iluminado. El maestro, con socarrona sonrisa, respondió – ¡Pues la verdad no lo sé, pero, si se iluminó él nunca te lo diría!
Hay en internet cierto caballero que dice haber logrado el Satori –término japonés para definir la Iluminación– luego de 30 años practicando el zen, y lo ofrece en su forma exprés mediante una guía práctica que yo casi que le compro. Y no es para menos. Tengo más de 50 años en esto y la única iluminación que he logrado en todo ese tiempo es la que proviene de la lámpara de mi mesa de noche mientras escudriño en los textos sagrados. Desalienta ver la comercialización del buddhismo como cruceros exóticos de excursión: “Explora su honda sabiduría”- “Descubre la fascinante historia de esta religión milenaria”- “Experimenta la senda del crecimiento espiritual”- “Comprueba la ley del karma” - “Conoce las Cuatro Nobles Verdades”. Sus promotores turísticos se sorprenderían –y unos cuantos maestros vajrayana también– de saber que las Cuatro Nobles Verdades en realidad no las descubrió el Buddha en su última reconexión, sino en otra anterior como el joven brahmán Jotipala.
Reconectamos en esta existencia tal como nuestro kamma determinó. Nos llegan confusos destellos de lo que fuimos en la vida anterior –samskaras– y actuamos automáticamente del modo que antes lo hacíamos, sin saber por qué, completamente desmemoriados porque pasamos por un período embrionario que nos hizo olvidar. No obstante, debido a que la conciencia de reconexión en esta vida es la misma que la conciencia de muerte en la vida anterior, hay allí un eslabón uniéndolas y si logramos asirlo podremos halar la cadena de todas nuestras existencias anteriores. Retomamos con naturalidad antiguos talentos y habilidades que nos permiten realizar tareas de modo especial con gran facilidad, lo que nos distingue de los demás y nos hace únicos. Si esos talentos y habilidades fueron desarrollados y perfeccionados desde vidas precedentes a la anterior, entonces seremos extraordinarios. Los samskaras, nuestro vasto y milenario banco de memorias, se incorporan al cerebro en la reconexión, por lo que no hay que ir más allá de éste para accederlos. Solo meditar y meditar para lograrlo como el Buddha enseñó, antes de que la muerte vuelva a llevárselos de nuevo.
Nuestro envejecimiento comenzó justo al nacer, cuando el reloj biológico inició su conteo. Viviremos 100 a 120 años si debido al kamma reconectamos genéticamente en un cuerpo con la capacidad de autorregeneración celular adecuada; si descendemos de padres apropiados; si vivimos en un país desarrollado; y si llevamos una vida moderada. El hecho de reconectar como seres humanos señala a las claras que la existencia de nuestro antecesor no fue un total fracaso, pues aun cuando no ganó un plano celestial, al menos no nos hizo reconectar como animal o en un sub plano infernal. Indica que hubo cierto progreso cuyo grado podemos deducir por el hogar y el país que nos correspondió por kamma. Obviamente nuestro antecesor no pudo mantenerse despierto para escapar de prisión antes de morir y no logró su cometido –si lo tenía– puesto que estamos aquí para repetir el proceso otra vez. Si no despertamos, el final será el mismo. Nuestro Yo desaparecerá para siempre, adherido al cadáver de ese cuerpo que tanto cuidamos, y nuestros samskaras reconectarán nuevamente para reiniciar el ciclo de existencias. Este libro es para su falso Yo, ese que me lee, independientemente de la religión que profese, si es que acaso profesa alguna, en realidad no tiene la menor importancia.